miércoles, 12 de agosto de 2015

El quinto.

Y ahí estaba. Cerrando los ojos y guardando su imagen en mi cabeza para poder recordarlo así una vez más. con nada más imaginar el contacto de sus labios de nuevo sentía el escalofrío de cuando te tomas la primera granizada del verano. Cuando el chocolate de un bombón relleno se te derrite en la boca. Cuando un batido de vainilla te hace cosquillas en los oídos. así que dejé de tomar batidos, de comer bombones y de lamer helados para no imaginar tus labios dando ese sabor a un paladar que no fuera el mío, que digiera el mejor manjar del mundo sin apreciarlo realmente. Maldita gula a la que me has hecho adicta. Maldita lujuria a la que he asociado tu gula. Maldito pecado. Maldito cabrón.