Huele a cama revuelta y a las mismas sábanas de ayer. A cama
doble vacía. A cama doble individual. A solo una chaqueta revuelta entre la
cama sin hacer. A cerveza, a mucha cerveza, se deja entre oler un aroma a yerba
por entre las rendijas de la caja de Budapest. Huele a la bandera italiana,
huele a las botellas de birra inglesa vacías y a la de sidra húngara medio
estropeada por las uñas de María. Huele a muebles a medio montar y a mentes
medio destruidas. A pintura de cuatro días en la lámpara de papel. A disco
rayado de Extremoduro en la pared. A mochila que carga tuppers taxi arriba taxi
debajo de camino al hospital. Huele a suavizante de ropa esparcido por toda la
casa a través del calor de los radiadores. Huele a cargador de ordenador y de móvil que rozan
la chamusquina. Huele al 479 de West Street. Y huele a Inglaterra. Pero no
huele a Londres. No huele a Leytonstone. No huele a tres camas individuales
hechas. No huele a tres camas inidividuales compartidas. No huele a cerveza de
7 grados y no huele a ropa por todas partes. No huele a risa, ni a iyo, no
huele flama. No huele a Triana ni a banderas del Sevilla. No huele a sudaderas
del recre repartirdas por la habitación. No huele a niñato rubio. Sólo huele a
un colchón vacío, revuelto, y aún sin estrenar.
miércoles, 15 de junio de 2016
El problema eres tú.
La gente que escribe sabe que el momento en el que más vacía se encuentra una persona es cuando no le sale nada que plasmar en el papel.
La gente que escribe, aunque hable mucho, no sabe expresarse tan bien como el resto de los mortales si las palabras no están redactadas de antemano.
La gente que escribe se siente ignorante cuando se habla de un tema del que jamás ha hecho que corra la tienta antes.
La gente que escribe, a veces, y sólo a veces, cuando vive demasiado anhela los momentos en los que deseaba vivir para poder escribirlo luego todo.
La gente que escribe, por la noche, cuando no puede dormir, su mente no piensa, sino que empieza un torrente de palabras que se convierten en la introducción de una historia que acabará en el subconsciente.
La gente que escribe...
La gente que escribe...
La gente que escribe
no sabe qué siente por alguien hasta que sus sentimientos no han sido grabados para siempre fuera de ellos.
La gente que escribe y no ha escrito sobre alguien tiene un gran problema y el problema eres tú.
La gente que escribe, aunque hable mucho, no sabe expresarse tan bien como el resto de los mortales si las palabras no están redactadas de antemano.
La gente que escribe se siente ignorante cuando se habla de un tema del que jamás ha hecho que corra la tienta antes.
La gente que escribe, a veces, y sólo a veces, cuando vive demasiado anhela los momentos en los que deseaba vivir para poder escribirlo luego todo.
La gente que escribe, por la noche, cuando no puede dormir, su mente no piensa, sino que empieza un torrente de palabras que se convierten en la introducción de una historia que acabará en el subconsciente.
La gente que escribe...
La gente que escribe...
La gente que escribe
no sabe qué siente por alguien hasta que sus sentimientos no han sido grabados para siempre fuera de ellos.
La gente que escribe y no ha escrito sobre alguien tiene un gran problema y el problema eres tú.
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