miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sin brújula ni mapa...

Supongo que intentar explicar el bajo nivel de orientación de algunas personas en general es algo complicado, pero en mi caso en concreto, podré decir que al menos se quedó en el intento...
Ante todo, lo más importante es que no le presto atención de a dónde me lleva el camino, ya que estoy más pendiente de lo que está a mi alrededor que de la dirección que tomamos.
Creo que estoy bastante orgullosa de no tener suficiente orientación y no saber qué camino tomar, ya que da igual el camino que tome mientras lo disfrute, porque al no saber a dónde voy, no sabré cuál es el destino y me sorprenderá, estaré más atenta de las cosas que me rodean, de los sonidos de los animales, de la música, del olor a invierno y a verano, a flores y a candela y a lluvia, me doy más cuenta de las gotitas de agua, de los arcoiris, de la gente que está a mi alrededor, de los abuelos con los nietos, de las sonrisas de la gente, de las lágrimas, de sus voces... todas esas cosas que no me daría cuenta si supiera cómo se llega a los sitios. Porque...¿qué más da? Total si todos los caminos llegan a Roma.

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