Ante todo, lo más importante es que no le presto atención de a dónde me lleva el camino, ya que estoy más pendiente de lo que está a mi alrededor que de la dirección que tomamos.
Creo que estoy bastante orgullosa de no tener suficiente orientación y no saber qué camino tomar, ya que da igual el camino que tome mientras lo disfrute, porque al no saber a dónde voy, no sabré cuál es el destino y me sorprenderá, estaré más atenta de las cosas que me rodean, de los sonidos de los animales, de la música, del olor a invierno y a verano, a flores y a candela y a lluvia, me doy más cuenta de las gotitas de agua, de los arcoiris, de la gente que está a mi alrededor, de los abuelos con los nietos, de las sonrisas de la gente, de las lágrimas, de sus voces... todas esas cosas que no me daría cuenta si supiera cómo se llega a los sitios. Porque...¿qué más da? Total si todos los caminos llegan a Roma.
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