Todo el mundo lo odia.
Pero cuando estamos tranquilos así nos deja, no viene a no ser que necesitemos algo.
En cambio, cuando los nervios nos invaden se queda ahí con nostros, penetrandonos durante toda la noche como si más que nuestro amigo fuera nuestro mejor amante capaz d hacernos reflexionar desde lo más profundo de nuestro estómago. Se acurruca junto a nosotros, nos acompaña en los momentos más difíciles y en los más felices.
Nos escrutiña la mente, nos hace toda clase de preguntas, un examen final de la vida, estando siempre a nuestro favor, a pesar de que las respuestas al examen test que nos propone son tan equivalentes, tan equilibradas y tan similares que las dudas son sobre certezas más que sobre posibilidades.
Nos hace sacar todo el potencial que llevamos dentro, la inspiración es su segundo nombre y solo nos deja pronunciarlo entre orgasmos y jadeos después de escribir un párrafo más.
No quiere, nuestro gran compañero, que confundamos su objetivo principal con las distracciones con las que acabandomos topándonos por su culpa, o gracias a él.
Al fin y al cabo, al despertarnos toda la noche anterior junto a su presencia desvanecida, parece que nada era como creíamos y que los nervios eran en vano. Consigue limpiar nuestras conciencias de tal manera que todos los pensamientos nefastos parecieran sacados de la pesadilla nocturna de ese sueño.
Gracias, pues, insomnio, porque esta noche me acompañas tù y no otro, porque esta noche besarás mi boca y te llevarás todas las inseguridades mezcladas con saliva.
martes, 14 de octubre de 2014
Se busca sueño.
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