domingo, 5 de mayo de 2013

De penas a penes...


Quiero hacérselo encima de la mesa
y cantar mesa, mesa, mesa que más aplauda.
Que me gustan los sofás mulliditos y revolcarme en ellos.
Y tener cojines por todas partes,
y cojones,
y cajones abiertos repletos de cosas.

Adoro lo del sudor,
sudar juntos porque así no da asco,
porque das el mismo asco que el de al lao y entonces lo que hace es ponerte cachondo.
Y despeinarse el pelo con las manos porque lo tienes repegao y ponerte aún peor.
Y te levantas un poco la camiseta pa’ que te dé el aire y peor aún.

Y chocolate,
chocolate,
chocolate,
leche condensada y chocolate,
Lindt, Valor, Milka, Jungli, de Lacasitos, de turrón de Shuchard, de la Lechera..
de sus abdominales, de su semen...

Babababababababa y caracoles pegaos y refregándose con lubricante natural de por medio.
Calentar. Calentar los músculos y los músculos de los de alrededor.
Saltar en un colchón como niños pequeños, pero haciendo cosas de mayores,
en las esquinas, en los rincones, en los callejones, en los descampaos, en medio de cada plaza,
en el Vaticano.
A ritmo de Extremoduro, suave con Coldplay, Estopa y de nuevo locura, lo cura,
¿cura la locura? No.

Que obras así ni en Louvre, ni en el Prado, ni en la Uffizi, ni en el MoMa, que esos ocho cuadros son los que forman la mejor escultura. El canon de belleza, que ni el David de Miguel Ángel, pero con ángel venido de arriba sin piel de cerámica, porque viene de allí, de cerca del sol…moreno.

Que el: “Me pinchas.” Cuando me rozas en la cara ya da igual, que lo que toca es: “¿Me pinchas?”.

Que se me encrespan tós los pelos de la humedad que hay en el aire porque nos evaporamos hasta con 0 grados.

Y subir y bajar y subir y volver a bajar y dar vueltas. Porque qué usado está el término de “como en una montaña rusa”. ¿Por qué? ¿Tanto montamos en montañas rusas? Que si nos gusta de verdad esa sensación lo suyo es follar. De verdad. Así que subir y bajar y subir y bajar y una vuelta y un remolino y otro y más… y en el punto más alto respirar de verdad, por fin... coger la mayor bocanada de aire… volver a nacer.
Y luego bajar, sentir el aire en todo el cuerpo desnudo, frío, sudor, sigue ahí, piel con piel, descansar, cansar, acariciar, cansar, descansar, acariciar otra vez y volver el calor al cuerpo..

Dar por dentro las gracias, malvivir gracias a las desgracias que hacen gracia, que te alargan la existencia y te alargan más cosas cuando me rozas y se pierde el aliento.
Entonces sube, vuela y se nota, porque eso no se puede disimular y habla sólo y no se sacia ni el cuerpo, ni la mente, ni los dedos, ni las manos, ni los “Quiero más”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario