Pensar,
es el verbo que más cansa.
Más que andar, correr, estudiar, trabajar, volar, nadar, reptar
y follar juntos.
Más que el primer día de spinning.
Pensar,
es el verbo que más practicamos.
Más que hablar, dormir, soñar, pestañear, comer
y beber juntos.
Pensar,
es un verbo de doble filo.
El más fácil y el más difícil de usar.
Único en cada persona.
el que más feliz te hace,
el que te puede herir de la manera más cruel.
Pensar,
hace que te arda todo por dentro,
que exploten mil cosas dentro de ti.
te hace disparar todo ese fuego interno.
Es una bomba que no controlamos.
Pensar,
dejar de pensar.
Intentar dejar la mente en blanco es la forma más fácil de seguir pensando.
Es un boomerang que nunca deja que elijas lo que quieres.
Pensar,
es ese verbo que no tiene antídoto,
lo único que se puede hacer es que vaya más lento,
y en el momento en el que se enlentece, es cuando todo se ve más claro,
cuando todo está disperso y lleno de humo,
cuando todo está confuso y mezclado,
cuando no sabes qué tienes que hacer para conseguir lo que quieres,
paras un momento y te das cuenta que
Pensar,
es el paso previo para llegar a la felicidad.
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