La conclusión es
que vamos a seguir solas, con nosotras mismas por dentro, durante todo el
tiempo que queramos, amigas.
El amor.
Cupido pasa
volando por esa clase de primaria a la que acaba de llegar un niño nuevo y te
lanza una flecha mirando hacia él y, bum, quieres ser su novia.
A veces, pasa
planeando por una explanada donde estáis haciendo botellón todos los niños del
instituto y tú y, de repente, llega un chaval mayor, repetidor, al que no
conocías y, chás, quieres que te pida el ligue.
Otras ya llevas
la flecha bien clavada dispuesta a apuntar al primer hombre medio en
condiciones que esté trabajando en la nueva oficina en la que te acaban de
contratar hoy.
PUES NO.
El amor.
De repente, un
día normal estás en tu clase del colegio y te das cuenta de que te gusta tu
vecino de toda la vida.
Sin venir a
cuento, estás en el botellón con la gente del instituto al lado de tu mejor
amigo y te jode la vida cuando lo miras y notas
que en realidad lo que quieres es comerle la boca.
Otra jornada
laboral estás en un turno con tu colega, el que le gusta a tu amiga, y sientes
una cosa to rara por dentro que no sabes lo que es y, cuando llegas a casa
después de doce horas dices: mierda, otra vez.
Otra vez, sí,
otra vez puteada sabiendo que estás pensando en una persona que a la que
conoces desde hace tiempo, en un ambiente cómodo, de la cual conoces sus
gustos, sus pensamientos, sus manías, sus sueños, sus defectos, y JODER ¿por
qué me he puesto a recopilar sin querer todas estas cosas sobre ti? Porque, sí,
así es como nos enamoramos algunas. Y ahí si que es chungo y tarde para dar
marcha atrás.
Lo bueno que
tenemos estas personas es que nos acostumbramos a vivir como un ser único y
completo que no necesita que nadie le diga cómo es o deja de ser o cómo tiene
que ser para gustar a ese otro. Porque ya nos conoce. Y ya lo conocemos y
sabemos que eso es lo que queremos en ese momento, ni más, ni menos, y no nos
vamos a conformar con compartir una relación de ningún tipo con ningún otro
solo por el hecho de que enamorarse sea una transmisión química momentánea que
te da como una descarga eléctrica cuando tocas un CABLE nuevo.
¿Cuál es el problema,
entonces, queridas amigas para que nunca nos correspondan si somos tan lógicas,
prácticas y razonables? No lo sé, si lo supiera igual no me habría parado a
pensar esto, pero creo que igual somos demasiado independientes, o, incluso,
estamos fatalmente destinadas a enamorarnos de personas que se enamoran de la
otra manera. ¿Quién sabe?
La buena noticia
es que vamos a seguir solas, y que mucho mejor solas que mal acompañadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario