domingo, 28 de enero de 2018

Amor racional.

La conclusión es que vamos a seguir solas, con nosotras mismas por dentro, durante todo el tiempo que queramos, amigas.

El amor.

Cupido pasa volando por esa clase de primaria a la que acaba de llegar un niño nuevo y te lanza una flecha mirando hacia él y, bum, quieres ser su novia.

A veces, pasa planeando por una explanada donde estáis haciendo botellón todos los niños del instituto y tú y, de repente, llega un chaval mayor, repetidor, al que no conocías y, chás, quieres que te pida el ligue.

Otras ya llevas la flecha bien clavada dispuesta a apuntar al primer hombre medio en condiciones que esté trabajando en la nueva oficina en la que te acaban de contratar hoy.

PUES NO.

El amor.

De repente, un día normal estás en tu clase del colegio y te das cuenta de que te gusta tu vecino de toda la vida.

Sin venir a cuento, estás en el botellón con la gente del instituto al lado de tu mejor amigo y te jode la vida cuando lo miras y notas  que en realidad lo que quieres es comerle la boca.

Otra jornada laboral estás en un turno con tu colega, el que le gusta a tu amiga, y sientes una cosa to rara por dentro que no sabes lo que es y, cuando llegas a casa después de doce horas dices: mierda, otra vez.

Otra vez, sí, otra vez puteada sabiendo que estás pensando en una persona que a la que conoces desde hace tiempo, en un ambiente cómodo, de la cual conoces sus gustos, sus pensamientos, sus manías, sus sueños, sus defectos, y JODER ¿por qué me he puesto a recopilar sin querer todas estas cosas sobre ti? Porque, sí, así es como nos enamoramos algunas. Y ahí si que es chungo y tarde para dar marcha atrás.

Lo bueno que tenemos estas personas es que nos acostumbramos a vivir como un ser único y completo que no necesita que nadie le diga cómo es o deja de ser o cómo tiene que ser para gustar a ese otro. Porque ya nos conoce. Y ya lo conocemos y sabemos que eso es lo que queremos en ese momento, ni más, ni menos, y no nos vamos a conformar con compartir una relación de ningún tipo con ningún otro solo por el hecho de que enamorarse sea una transmisión química momentánea que te da como una descarga eléctrica cuando tocas un CABLE nuevo.

¿Cuál es el problema, entonces, queridas amigas para que nunca nos correspondan si somos tan lógicas, prácticas y razonables? No lo sé, si lo supiera igual no me habría parado a pensar esto, pero creo que igual somos demasiado independientes, o, incluso, estamos fatalmente destinadas a enamorarnos de personas que se enamoran de la otra manera. ¿Quién sabe?


La buena noticia es que vamos a seguir solas, y que mucho mejor solas que mal acompañadas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario