viernes, 22 de agosto de 2014

AMOR ETERNO

21 de agosto. 2014

   Yo, ayer, totalmente envuelta en ese aire de familia feliz que se respiraba, oyendo la risa de los niños.
  Yo, escuchando la voz dulce de Ana. Le brillaban los ojos hablando de sus hijos. Se le llenaba la boca de halagos para el mejor papá del mundo. Lloraba y decía que no habíamos cambiado. Acaba de enseñarle a la pequeña qué son los deseos. En la tarta que llevamos pusimos una vela. La niña sopló y deseó que jugáramos toda la tarde con ella.
  Yo, emocionada a la par que todas nosotras .
  Yo, embobada con los ojos azules del bebé y sumergida en sus sonrisas constantes. Jugando al escondite, a los cuentos, a pintar y cautivada por la imaginación de la pequeña, que no se a quien se parece porque no es tan obvio como el hermano y no se me da bien encontrar parecidos físicos. Pero tiene la dulzura, la sensibilidad y la mirada atenta de su madre.
  Yo, ensimismada con cada detalle de emoción y perfección que desprenden los muros de su casa.
  Yo, ayer, casi vuelvo a creer en el amor verdadero.
 Sí, en el amor cursi ese de los cuentos con final feliz que todos hemos deseado y despreciado alguna vez.
  No hablo de esto como alguien frustrado o triste o desesperado que alguna vez encontró el amor y éste le jugó una mala pasada y ahora por despecho no cree en él. Tampoco hablo como alguien que cómo nunca lo ha sentido, no cree que exista.
  No, en mi caso es diferente. Más bien me siento como cuando descubres una enseñanza vital, o desmientes una propia creencia, o te das cuenta que hay otra filosofía de vida que te convence más, o descubres que no estás de acuerdo con  algo que tus padres te han dicho toda la vida o te haces consciente de una manipulación social.

  Después de sentir el amor y el desamor en carne propia.
  Después de ser capaz de irme a Japón y dejarlo todo por una persona si esta me lo pidiera. Cometer la mayor locura. Nadar contra todas las corrientes. Mirarlo y sentir que estoy con la persona más especial y que más me complementa del mundo. Pensar que nada puede igualar ese sentimiento. Creer que será eterno. Hacer un all in sin pensar un segundo en lo que podría perder.
  Y... 
  Después de sentir cómo ese sentimiento se apaga poco a poco. Notar como mis ojos dejan de verlo como la persona más importante e increíble de mundo para simplemente mirarlo como a alguien más. Alguien que quiero pero ya no amo. Sentir como deseo recorrer el mundo y el centro de éste ya no es su ombligo. Notar el cambio en mi mente y morirme de miedo. Decirme la verdad, ya no es amor.

  Después de todo esto, creo tenerlo claro. 
  El amor existe y termina. 
  Habrá quién cuando termine sepa convertirlo en una relación preciosa llena de complicidad y aunque no sea amor, se crea que sí y sea feliz con eso.
  Pero, para mí, el amor eterno dura el tiempo en el nada te podría quitar de la cabeza la idea de que te faltan vidas para vivir con quien amas.. Y esta idea cambia. Y este tiempo no es eterno. El amor eterno es ese que te deja una cicatriz curada pero que no se quita.   El amor eterno dura un ratito o un rato largo.


  Ayer, yo, casi creo en el amor verdadero.
  Y,  ¡Menos mal! porque existe pero ¿Quién dijo que sólo había uno?

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