Tal vez sea lo más
importante que me ha enseñado Sevilla. Me acostumbrado a fallar, a tirar a la
basura, a empezar de nuevo, a fracasar y a volver a intentar. Mi pánico a
arrepentirme se lo ha llevado el darme cuenta que las cosas más importantes que
he aprendido ha sido a base de eso. Ya me lo dijo Dani, arrepentirse es bueno,
es la mejor forma de aprender.
¿Qué es vivir si no fallar una y otra vez para descubrir
cómo no se hace?
¿Hay, acaso, alguna manera de encontrarte que no sea
perdiéndote?
No. Quién nunca se ha perdido, no sabe si está dónde quiere porque
nunca se ha puesto a buscar, se ha conformado con lo que se ha encontrado.
Quien nunca ha fallado es porque no ha arriesgado y quien no arriesga, no gana.
Y al final, de los grandes fallos, salen los grandes aciertos. Y si no, son
esas cosas las que van curtiéndote como persona. Las que te definen. Las que te
hacen crecer.
No quiero estancarme.
Y si me caigo mil veces...
Me levantaré o me arrastraré hasta que encuentre dónde
agarrarme para salir a flote, mil y una.
Porque lo triste no es tocar fondo, lo triste es tocar
techo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario